|
Fuera con la máscara El testimonio de John Paulk Vestirme de mujer me dio la popularidad y la aceptación que tanto deseaba. Me sentía orgulloso de ser travesti. La habilidad de ser "hermosa" se convirtió en mi único interés en la vida. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía cinco años. Mi papá nos llevó a mi hermana y a mí a un parque, se arrodilló a nuestro lado, y nos dijo adiós. Fue un día trágico y un trauma que nunca olvidaré. Durante el resto de mi niñez viví con inseguridad continua, creyendo que la gente que yo amaba siempre me dejaría. Con mi amigo Jaime comenzamos a consumir bebidas alcohólicas a los 14 años. Desde el principio mi intención fue emborracharme, y es lo que hacía siempre. Bebía para aturdirme y entumecer el dolor interior, y eso proveía un escape temporario de mis sentimientos de odio hacia mí mismo y de ineptitud. Pero fue pasando el tiempo, y mi relación con Curtis comenzó a deteriorarse y hasta que luego de un año nos separamos. Una vez más había perdido a alguien que yo creí se quedaría conmigo para siempre. Nuestra ruptura fue tan difícil para mí que dejé los estudios y me mudé otra vez a casa de mi madre. En octubre de 1985 mi psicólogo me confrontó por lo mucho que yo bebía. Empecé a ir a los encuentros de Alcohólicos Anónimos. Después de pasar seis meses sin beber, mi mente empezó a aclararse. Abrí la puerta de mi armario y miré la cantidad de vestidos, pelucas, tacones altos, maquillaje y alhajas que había acumulado en tres años. -Candi, ya no te necesito -dije-. Te digo adiós. Puse todo en una caja y lo tiré a la basura. Sentí como si diez toneladas hubieran sido sacadas de mi espalda. -Vas a volver -me decían mis amigos-. Siempre serás travesti. -Van a ver que no -contestaba yo-. No volveré ser travesti mientras viva. Hasta el día de hoy no he vuelto a vestirme de mujer. Muy poco después un pastor de jóvenes pidió hablar conmigo. Tomás vino a mi apartamento y me habló de Jesús. Después de 20 minutos lo interrumpí. -Ya sé todo lo que dicen los Evangelios -le dije-. A los 15 años yo era cristiano. Pero nací homosexual así que... -No, no naciste homosexual -respondió Tomás y leyó Génesis 1: "Dios hizo al hombre ... varón y hembra.... Dios contempló todo lo que había hecho y vio que era excelente." Así se hizo la luz en mi interior. Me convencí de que la homosexualidad no era algo con lo que había nacido, ni algo en lo que debía continuar. Esa semana desenterré mi Biblia y empecé a leerla otra vez. Después de varios días de lucha para llegar a una decisión, me arrodillé junto a mi cama. -Dios, no sé cómo salir de la homosexualidad, pero te seguiré. No importa lo difícil que sea. Nunca más me voy a alejar de ti. Era el 10 de febrero de 1987. Había encontrado a Alguien que nunca me dejaría. Yo había asistido diariamente a un encuentro de Alcohólicos Anónimos homosexuales, y tenía muchos amigos en ese grupo. Aunque seguí asistiendo, algo en mi interior había cambiado. Una noche salió el tema de si los homosexuales irían al cielo. -No importa si somos homosexuales o heterosexuales -les dije-. Si creemos en Jesucristo iremos al cielo. Mis amigos quedaron mudos; nunca antes me habían escuchado decir algo así. Ese fue el comienzo del fin de mi vida homosexual. Comencé a limpiar mi apartamento. Borré videos pornográficos y tiré a la basura cientos de dólares en accesorios homosexuales. Escribí cartas a mis amigos homosexuales contándoles sobre mi conversión. La mayoría nunca me contestó. Ana y yo nos casamos el 19 de julio de 1992. Yo lloré al pronunciar nuestros votos matrimoniales, sabiendo que el Señor estaba haciendo realidad mi sueño. El poder transformador del Señor fue tan evidente durante nuestra boda, que mi madre y mi padrastro oraron para recibir al Señor esa noche. En el pasado nunca había podido decir "soy un hombre."
|
|